martes, 21 de octubre de 2008

"El poder del entusiasmo"

"Landscape (Paysage) 1891". Gauguin, Paul


En esto periodo estacional, en que la claridad se torna naranja, amarilla y marrón, en que las escasas lluvias caídas se hacen diluvios en lugares no lejanos de aquí, y en que los ánimos se templan permitiendo a las emociones ceder paso a la fría y calculadora razón que presagia el invierno que aún está por llegar, compruebo cómo en ocasiones, un mismo suceso, una misma acción, un mismo trance ó una misma función, con circunstancias individuales y ambientales de absoluta equidad, con personas implicadas y ocupadas con auténtica dedicación, se desarrollan y se perciben con un prisma tan diferente que fácilmente se podría poner en duda la citada paridad. Los hechos no cambian, la situación es la misma, entonces me pregunto ¿Qué hace que el resultado sea diferente? Me atrevería a citar como única desigualdad las alas de entusiasmo desplegadas para alcanzar a volar. ¿De dónde sacamos el empeño por hacer, por hacerlo bien, por disfrutar de aquello que hacemos y que procuramos hacer bien? Cierto y conocido es que cientos de inquietos neurotransmisores viajan por nuestra sustancia gris para activar todas aquellas sinapsis neuronales que sin bajar la guardia vigilan nuestro comportamiento; pero como desafortunadamente no son conocidas todas las funciones posibles de las citadas conexiones entre las innumerables biomoleculas, si esto fuese posible permitiría desterrar sinfines de dramas humanos, tenemos la oportunidad de pensar, imaginar, divagar o dar rienda a nuestras propias reflexiones sobre la naturaleza de ese entusiasmo que nos mueve a actuar. Sólo alcanzo a concluir, porque consigo experimentarlo con relativa frecuencia, que las gotas de entusiasmo vertidas en los actos que acometemos, nos brindan tal nivel de satisfacción que nos impulsa nuevamente a actuar para volver a alcanzar ese estado de placer. Quizá lo único que necesitamos es descubrir la potencia del biofeedback para comprobar aquello que dijo D. Gregorio Marañón "la capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual"

miércoles, 1 de octubre de 2008

La Noche

El árbol de la vida. Gustav Klimt


Acecho el silencio..., persigo su ausencia...., y en el aroma calmado de la noche serena, consigo atraparlo para dedicarlo a ésto, a ti, a mí, a lo nuestro. Los días se estiran cargados de estrellas, las noches se encojen radiantes de ensueños, pero siempre encuentro el momento de hacerlo, lo busco, lo hallo, lo gozo, lo alargo. Como mar flanqueado por timones cuadrados, el sueño penetra por entresijos abiertos, para ser derrotado y derramar su néctar. La sombra me dice que vuelva a encontrarte, que sólo un instante merece el esfuerzo, que sólo lo bello está en la presencia y si ella es certera, de sabios es tenerla. ¿Eres tú o eres tu sombra?, ¿Eres tu sueño o eres tu dueño? Quizá nada importe, pues a ti te escribo, también a tu sombra, porque ambos conforman aquello que alcanzo, aquello que anhelo, aquello que dice que todo es nuestro, aunque no sea nada, pero que es suficiente.